Commentary: Funny math and the Obama Administration
By Glenn Garvin | The Miami Herald
Nov 5, 2009
Abajo encontrará el artículo en español
We used to hear quite a bit about the Bush administration’s supposed “war on science.”
What about the Obama administration’s war on mathematics?
Every time somebody tries to test the logic of the president’s economic policy using actual numbers, the White House starts screaming about space aliens.
You think I’m exaggerating? When the automotive consumer researcher Edmunds.com released an economic study last week concluding that the government’s cash-for-clunkers giveaway cost taxpayers $24,000 per vehicle sold, the White House accused Edmunds of relying on statistics “covering car sales on Mars.” (Who says we don’t get bang for our NASA buck?)
The Edmunds study compared historical auto sales trends with sales figures during the recession to conclude that the $3 billion cash-for-clunkers program generated only 125,000 sales that wouldn’t have occurred anyway. The Obama administration rebuttal didn’t include a single number, just some hopeful rhetoric about (conveniently unmeasureable) “excitement” generated by cash-for-clunkers.
But even that response was a paragon of math wizardry compared to what the White House had to say when ABC reporter Jake Tapper asked about the cost of the jobs the Obama administration claims to have created with its stimulus programs.
This one started when the White House last week issued a report saying that it created or “saved” 640,000 jobs (economists say there’s no way to measure the latter, but never mind), then immediately contradicted itself and said the real number was probably more like one million.
Tapper, using the more generous figure, divided the one million jobs into the $160 billion allocated by Sept. 30, then asked what seems like a reasonable question:
“Does that mean the stimulus costs taxpayers $160,000 per job?”
An outraged Jared Bernstein, chief economist and senior economic advisor to Vice President Biden, promptly accused the reporter of “calculator abuse.” Janet Reno is no longer attorney general, so that may not be a jailable offense, but it seems certain that Tapper can expect to have all his calculators seized and placed in foster homes.
In case you’re wondering where Tapper went wrong, the Obama administration has not repealed the arithmetical rules of division. (Yet.) Bernstein merely said that the reporter should have included all the jobs the White House hopes to have created or saved by the end of next year.
The White House didn’t even respond to the other interesting bit of stimulus math that was revealed last week. The National Association of Realtors, lobbying fiercely for a renewal of Obama’s $8,000 tax credit for first-time home buyers, said around 1.9 million will receive it this year — and some 350,000 of those buyers couldn’t have purchased a home without it.
Ahem, said the respected economics blog CalculatedRisk.com. Multiplying 1.9 million tax credits by $8,000 equals $15 billion in government subsidies. Divide that by the 350,000 sales generated by the tax credit and it turns out the Obama administration is paying $43,000 per house to stimulate sales.
And for what? The vast majority of these homes have already been built. Their sale won’t put anybody to work.
The only addition they’ll make to the U.S. workforce will be the additional auditors the IRS will have to employ to check the paperwork when the buyers ask for the tax credit on their returns this spring.
That’s why the Obama White House has declared war on math: Because it’s a nettlesome reminder of how balky, inefficient and generally useless its various stimulus programs have been. For the $24,000-per-vehicle cost of the cash for clunkers program, the government could have presented every single one of those new buyers with a brand new Smart Car plus two years’ worth of gasoline to run it. For that matter, why not just draw the names of 125,000 random Americans out of a hat and give each one a check for $24,000?
The answer is that the American economy is not the real target of the stimulus; the American government is.
How many new inspectors and bookkeepers and red-tape-sniffers of all types did the U.S. Department of Transportation add to implement the cash for clunkers program?
How many otherwise unemployable policy wonks have been surgically attached to the open veins of taxpayers to help the government administer its new stakes in the banking and automotive industries?
How many economic planners do we have in Washington these days applying their social-engineering skills to make sure we spend our money in ways that benefit the government’s favored beneficiaries? “Pure mathematics is, in its way, the poetry of logical ideas,” Albert Einstein once said.
Obamamath, on the other hand, is the poetry of pork.
———————————————————-
GLENN GARVIN: En guerra con las matemáticas
By GLENN GARVIN
El Nuevo Herald
Publicado el viernes 06 de noviembre del 2009
http://www.elnuevoherald.com/opinion/story/581670.html
Cada vez que alguien trata de probar la lógica de la política económica del Presidente usando números reales, la Casa Blanca habla de extraterrestres.
¿Creen que exagero? Cuando la firma investigadora de automóviles Edmunds.com divulgó un estudio la semana pasada en el que llegaba a la conclusión de que el programa gubernamental Dinero por Cacharros le costó a los contribuyentes $24,000 por vehículo vendido, la Casa Blanca acusó a Edmunds de confiar en estadísticas “que cubren las ventas de autos en Marte” (¿quién dice que el dinero de los contribuyentes invertido en la NASA es un malgasto?)
El estudio de Edmunds comparó tendencias históricas de ventas de autos con cifras de ventas durante la recesión para concluir que el programa Dinero por Cacharros, con un costo de $3,000 millones, sólo generó 125,000 ventas que de todos modos habrían ocurrido. La respuesta del gobierno de Obama no contenía una sola cifra, sólo una retórica optimista sobre la “emoción” (que convenientemente no se puede medir) generada por el programa.
Pero aun esa respuesta fue un modelo de magia matemática comparada con lo que la Casa Blanca dijo cuando Jake Tapper, reportero de ABC, preguntó sobre el costo de los empleos que la administración de Obama afirma haber creado con sus programas de estímulo.
Esto empezó cuando la Casa Blanca emitió un informe la semana pasada en el que afirmaba que había creado o “salvado” 640,000 empleos (los economistas dicen que no hay forma de medir lo último, pero no importa) e inmediatamente después se contradijo y dijo que la verdadera cifra era probablemente un millón.
Tapper, usando la cifra más generosa, dividió el millón de empleos entre los $160,000 millones asignados el 30 de septiembre, y luego hizo lo que parece una pregunta razonable: “¿Eso significa que el estímulo les cuesta a los contribuyentes $160,000 por empleo?”
Furioso, Jared Bernstein, principal asesor económico del vicepresidente Biden, acusó rápidamente al reportero de “abuso con la calculadora”. Janet Reno ya no es secretaria de Justicia, de manera que eso quizá no sea un delito punible con la cárcel, pero es posible que Tapper pueda esperar que todas sus calculadoras sean confiscadas.
En caso de que usted se pregunte en qué se equivocó Tapper, la administración de Obama no ha abolido las reglas aritméticas de la división. (Todavía.) Bernstein tan sólo dijo que el reportero debió haber incluido todos los empleos que la Casa Blanca espera haber creado o salvado para fines del año próximo.
La Casa Blanca ni siquiera respondió a otro interesante caso de matemática del estímulo que se reveló la semana pasada. La National Association of Realtors, que cabildea ferozmente por una renovación del crédito fiscal de Obama de $8,000 para los que compran casa por primera vez, dijo que 1.9 millones lo recibirán este año, y que unos 350,000 de esas personas no podrían haber comprado una vivienda sin el crédito.
No es así, dijo el respetado blog de economía CalculatedRisk.com. Multiplicar 1.9 millones de créditos fiscales por $8,000 da $15,000 millones en subsidios del gobierno. Si se divide eso por las 350,000 ventas generadas por el crédito fiscal, resulta que la administración de Obama está pagando $43,000 por casa para estimular las ventas.
¿Y para qué? La inmensa mayoría de esas casas ya están construidas. Su venta no le dará trabajo a nadie.
La única adición que harán a la fuerza laboral serán los auditores adicionales que el IRS tendrá que emplear para revisar el papeleo cuando los compradores pidan el crédito fiscal al declarar sus impuestos la próxima primavera.
Por eso es que la Casa Blanca de Obama le ha declarado la guerra a la matemática: porque es un molesto recordatorio de lo ineficientes y en general inútiles que han sido sus diversos programas de estímulo. Por el costo de $24,000 por vehículo del programa Dinero por Cacharros el gobierno podría haber regalado a cada uno de esos compradores un auto Smart nuevo, aparte de más gasolina por dos años. O si no, ¿por qué no haber elegido al azar a 125,000 norteamericanos y darle a cada uno un cheque por $24,000?
a respuesta es que la economía norteamericana no es el verdadero objetivo del estímulo, sino el gobierno norteamericano.
¿Cuántos nuevos inspectores y contadores y burócratas de todo tipo añadió el Departamento de Transporte para implementar el programa Dinero por Cacharros?
¿Cuántos especialistas que no se habrían empleado de no ser por el programa se han adherido a las venas abiertas de los contribuyentes para ayudar al gobierno a administrar su nueva participación en la banca y la industria automotriz?
¿Cuántos planificadores de la economía tenemos en Washington en estos días aplicando sus conocimientos de ingeniería social para garantizar que gastemos nuestro dinero en formas que favorezcan a los beneficiarios del gobierno? “La matemática pura es, a su manera, la poesía de las ideas lógicas”, dijo Albert Einstein. La matemática de Obama, en cambio, es la poesía de la prebenda.
GLENN GARVIN: En guerra con las matemáticas
By GLENN GARVIN
El Nuevo Herald
Publicado el viernes 06 de noviembre del 2009
http://www.elnuevoherald.com/opinion/story/581670.html
Cada vez que alguien trata de probar la lógica de la política económica del Presidente usando números reales, la Casa Blanca habla de extraterrestres.
¿Creen que exagero? Cuando la firma investigadora de automóviles Edmunds.com divulgó un estudio la semana pasada en el que llegaba a la conclusión de que el programa gubernamental Dinero por Cacharros le costó a los contribuyentes $24,000 por vehículo vendido, la Casa Blanca acusó a Edmunds de confiar en estadísticas “que cubren las ventas de autos en Marte” (¿quién dice que el dinero de los contribuyentes invertido en la NASA es un malgasto?)
El estudio de Edmunds comparó tendencias históricas de ventas de autos con cifras de ventas durante la recesión para concluir que el programa Dinero por Cacharros, con un costo de $3,000 millones, sólo generó 125,000 ventas que de todos modos habrían ocurrido. La respuesta del gobierno de Obama no contenía una sola cifra, sólo una retórica optimista sobre la “emoción” (que convenientemente no se puede medir) generada por el programa.
Pero aun esa respuesta fue un modelo de magia matemática comparada con lo que la Casa Blanca dijo cuando Jake Tapper, reportero de ABC, preguntó sobre el costo de los empleos que la administración de Obama afirma haber creado con sus programas de estímulo.
Esto empezó cuando la Casa Blanca emitió un informe la semana pasada en el que afirmaba que había creado o “salvado” 640,000 empleos (los economistas dicen que no hay forma de medir lo último, pero no importa) e inmediatamente después se contradijo y dijo que la verdadera cifra era probablemente un millón.
Tapper, usando la cifra más generosa, dividió el millón de empleos entre los $160,000 millones asignados el 30 de septiembre, y luego hizo lo que parece una pregunta razonable: “¿Eso significa que el estímulo les cuesta a los contribuyentes $160,000 por empleo?”
Furioso, Jared Bernstein, principal asesor económico del vicepresidente Biden, acusó rápidamente al reportero de “abuso con la calculadora”. Janet Reno ya no es secretaria de Justicia, de manera que eso quizá no sea un delito punible con la cárcel, pero es posible que Tapper pueda esperar que todas sus calculadoras sean confiscadas.
En caso de que usted se pregunte en qué se equivocó Tapper, la administración de Obama no ha abolido las reglas aritméticas de la división. (Todavía.) Bernstein tan sólo dijo que el reportero debió haber incluido todos los empleos que la Casa Blanca espera haber creado o salvado para fines del año próximo.
La Casa Blanca ni siquiera respondió a otro interesante caso de matemática del estímulo que se reveló la semana pasada. La National Association of Realtors, que cabildea ferozmente por una renovación del crédito fiscal de Obama de $8,000 para los que compran casa por primera vez, dijo que 1.9 millones lo recibirán este año, y que unos 350,000 de esas personas no podrían haber comprado una vivienda sin el crédito.
No es así, dijo el respetado blog de economía CalculatedRisk.com. Multiplicar 1.9 millones de créditos fiscales por $8,000 da $15,000 millones en subsidios del gobierno. Si se divide eso por las 350,000 ventas generadas por el crédito fiscal, resulta que la administración de Obama está pagando $43,000 por casa para estimular las ventas.
¿Y para qué? La inmensa mayoría de esas casas ya están construidas. Su venta no le dará trabajo a nadie.
La única adición que harán a la fuerza laboral serán los auditores adicionales que el IRS tendrá que emplear para revisar el papeleo cuando los compradores pidan el crédito fiscal al declarar sus impuestos la próxima primavera.
Por eso es que la Casa Blanca de Obama le ha declarado la guerra a la matemática: porque es un molesto recordatorio de lo ineficientes y en general inútiles que han sido sus diversos programas de estímulo. Por el costo de $24,000 por vehículo del programa Dinero por Cacharros el gobierno podría haber regalado a cada uno de esos compradores un auto Smart nuevo, aparte de más gasolina por dos años. O si no, ¿por qué no haber elegido al azar a 125,000 norteamericanos y darle a cada uno un cheque por $24,000?
a respuesta es que la economía norteamericana no es el verdadero objetivo del estímulo, sino el gobierno norteamericano.
¿Cuántos nuevos inspectores y contadores y burócratas de todo tipo añadió el Departamento de Transporte para implementar el programa Dinero por Cacharros?
¿Cuántos especialistas que no se habrían empleado de no ser por el programa se han adherido a las venas abiertas de los contribuyentes para ayudar al gobierno a administrar su nueva participación en la banca y la industria automotriz?
¿Cuántos planificadores de la economía tenemos en Washington en estos días aplicando sus conocimientos de ingeniería social para garantizar que gastemos nuestro dinero en formas que favorezcan a los beneficiarios del gobierno? “La matemática pura es, a su manera, la poesía de las ideas lógicas”, dijo Albert Einstein. La matemática de Obama, en cambio, es la poesía de la prebenda.